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Otoplastia · Mal hecha

¿Cómo se ve una otoplastia mal hecha?

El miedo número uno antes de operarse las orejas. Una otoplastia mal hecha se nota: orejas demasiado pegadas, el llamado efecto teléfono, o dos orejas distintas. Te contamos por qué ocurre y cómo evitarlo.

Dr. Francisco AbreuRevisado porDr. Francisco Abreu · Cirugía plástica

Una otoplastia mal hecha casi siempre tiene el mismo origen: pasarse. El error más típico de esta cirugía es sobrecorregir, pegar la oreja demasiado a la cabeza hasta el llamado «efecto teléfono», dejar las dos orejas distintas o aplastar la oreja contra el cráneo hasta que pierde sus curvas naturales. La buena noticia es que se evita, y depende sobre todo de una cosa: el criterio del cirujano.

Aquí te contamos cómo se reconoce un mal resultado, por qué ocurre, si tiene arreglo con honestidad y, sobre todo, cómo evitarlo eligiendo bien. Porque en una otoplastia, quién opera importa más que casi cualquier otra cosa.

Una oreja de forma natural, el resultado que evita una otoplastia mal hecha
El procedimientoOtoplastia: corregir las orejas de soplillo

Cómo se ve una mal hecha

Un mal resultado se reconoce enseguida, porque llama la atención en lugar de pasar desapercibido. Estas son las señales más habituales:

  • El efecto teléfono. La oreja pegada de más a la cabeza, hasta verse aplastada y antinatural de frente. Es el error más típico de sobrecorregir.
  • Las dos orejas distintas. Una asimetría evidente entre ambas, que salta a la vista precisamente porque las orejas deberían pasar desapercibidas.
  • La oreja sin sus curvas. Plegada a la fuerza contra el cráneo, la oreja pierde sus pliegues naturales y se ve rígida, no real.
Detalle de una oreja de perfil con sus curvas naturales

Por qué ocurre

Casi todos los malos resultados tienen la misma raíz: excederse. En una otoplastia, el error no suele ser quedarse corto, sino pasarse. Se pega la oreja de más, buscando que quede bien plana, y el resultado es lo contrario de natural.

Detrás hay dos fallos técnicos frecuentes. Uno, forzar el cartílago en lugar de remodelarlo con suavidad, doblándolo a la fuerza en vez de recrear el pliegue que faltaba. Otro, no valorar bien de dónde viene la oreja de soplillo, si de un pliegue que no se formó o de una concha demasiado grande, y tratar solo una parte del problema. Entender el origen es lo que evita el exceso.

Un detalle sereno, la discreción de un resultado natural

¿Tiene arreglo?

Es la pregunta de quien ya tiene un mal resultado, y merece una respuesta franca. A veces se puede mejorar en una segunda cirugía, pero conviene saber que corregir una sobrecorrección suele ser más difícil que la operación original: una oreja ya intervenida tiene menos margen que una que no se ha tocado.

Por eso no prometemos milagros. En la consulta valoramos tu caso concreto y te decimos con honestidad qué es realista mejorar y qué no. Y por eso, también, insistimos tanto en lo de siempre: lo más importante es prevenir, hacerlo bien la primera vez.

Valoración honestaValoramos tus orejas, o un resultado previo, sin rodeos

Cómo evitarla: elegir bien

Como una otoplastia mal hecha depende sobre todo del criterio de quien opera, evitarla es, en el fondo, elegir bien al cirujano. Busca a alguien cuya premisa sea no sobrecorregir: un ángulo natural y simétrico, con la oreja conservando sus curvas, no aplastada contra el cráneo.

Fíjate en el tipo de resultado que persigue, más natural que llamativo, y en que te hable con honestidad de lo que es realista. Al final, la mejor señal es esta: una buena otoplastia no se nota, solo se ve a alguien que ha dejado de pensar en sus orejas. Puedes ver cómo la planteamos y su precio en la página de la otoplastia.

Dr. Francisco Abreu

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Durante la valoración, el Dr. Abreu explora tu caso, te explica qué opciones existen y cuál tiene más sentido para ti, también cuando la respuesta es no operarse.

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Preguntas frecuentes

  • Se nota, y casi siempre de las mismas formas: orejas demasiado pegadas a la cabeza (el llamado efecto teléfono), las dos orejas distintas entre sí, o una oreja aplastada contra el cráneo que ha perdido sus curvas naturales. En todos los casos, el resultado llama la atención en lugar de pasar desapercibido.

  • Es cuando la oreja se pega tanto a la cabeza que, vista de frente, se ve pegada de más y antinatural. Se conoce así porque recuerda a una oreja aplastada por un auricular. Es el resultado típico de sobrecorregir, de pasarse acercando la oreja.

  • Casi siempre por sobrecorrección: pasarse pegando la oreja, forzar el cartílago en lugar de remodelarlo con suavidad, o no valorar bien qué causa la oreja de soplillo, si el pliegue que falta o la concha grande. El error más común no es quedarse corto, sino excederse.

  • A veces se puede mejorar en una segunda cirugía, pero conviene ser honesto: corregir una sobrecorrección suele ser más difícil que la operación original, porque hay menos margen. Por eso lo más importante es prevenir, eligiendo bien la primera vez. Lo valoramos caso a caso y sin rodeos.

  • Depende del caso. Una oreja reintervenida tiene menos margen que una que no se ha tocado, así que valoramos con cuidado qué es realista mejorar antes de plantear nada. En la consulta te decimos con franqueza qué se puede y qué no.

  • Puede ocurrir si no se cuida la simetría. Buscamos siempre que las dos queden equilibradas; cuando solo se opera una, la comparamos con la otra para que casen. Una asimetría marcada es una de las señales de que algo no se planificó bien.

  • Eligiendo un cirujano con criterio, que no sobrecorrija y que busque un ángulo natural, simétrico y con las curvas de la oreja intactas. Ver cómo trabaja y qué resultados busca, más naturales que llamativos, ayuda a decidir con confianza.

  • La que no se nota. Unas orejas con un ángulo natural, simétricas y con sus curvas, que simplemente dejan de llamar la atención. Como dice el Dr. Abreu, una buena otoplastia no se ve: solo se ve a alguien que ha dejado de pensar en sus orejas.

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Pasamos consulta en Alicante y atendemos a pacientes de toda España e internacionales. En la valoración analizamos tus orejas, o el resultado de una cirugía previa, y te decimos con honestidad qué es realista, sin sobrecorregir y sin prometer imposibles.


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