Otoplastia · En niños
¿A qué edad se opera la otoplastia en niños?
La duda número uno de los padres. Las orejas de soplillo pueden corregirse desde los 5 o 6 años, y muchas familias eligen hacerlo antes del colegio, antes de que lleguen las burlas. Te contamos cuándo y cómo.

La otoplastia en niños se puede realizar a partir de los 5 o 6 años, la edad a la que la oreja ya ha alcanzado casi su tamaño definitivo. Es la pregunta que más se repite entre los padres, y la respuesta corta es esa: desde los 5 o 6 años ya se puede operar, y no hay una edad máxima. Muchas familias eligen hacerlo antes de empezar el colegio o en los primeros cursos, antes de que aparezcan las burlas, que es lo que de verdad hace daño.
Aquí te contamos por qué muchos padres lo hacen pronto, cómo vive el niño la cirugía (menos de lo que temes) y cómo decidir el momento con calma, sin prisa y sin presión.

¿A qué edad?
La oreja crece rápido: alcanza casi su tamaño definitivo hacia los 5 o 6 años. Ese es el motivo por el que a partir de esa edad ya se puede operar con seguridad, porque corregimos una oreja que ya no va a cambiar apenas de tamaño.
A partir de ahí, no hay una franja obligatoria ni una edad máxima. Muchos padres eligen los años previos al colegio o los primeros cursos, y otros esperan a que el niño lo pida o sea algo mayor. En adolescentes y en adultos la otoplastia funciona exactamente igual de bien. La edad no cambia el resultado, cambia el momento.

Por qué muchos lo hacen pronto
Operar de niño, cuando encaja, tiene ventajas concretas, y por eso es tan frecuente hacerlo pronto:
- Adelantarse a las burlas. Es la razón de peso. Corregir la oreja antes de que empiecen los apodos en el cole le ahorra al niño años de complejo, que es lo que de verdad hace daño.
- Un cartílago algo más flexible. En el niño, el cartílago es un poco más moldeable, lo que facilita darle su forma natural.
- Vivirlo con naturalidad. Cuanto antes se resuelve, menos peso emocional acumula. Para el niño acaba siendo un antes y un después que apenas recuerda.
Dicho esto, esperar a la edad adulta también es una opción legítima: tiene la ventaja de que lo decide uno mismo. No hay una respuesta única, y así te lo diremos.

Cómo lo vive el niño
Es lo que más preocupa a los padres, y suele ser menos de lo que se teme. En niños pequeños preferimos la anestesia general, en régimen de hospital de día, precisamente para que el niño no viva la intervención: se duerme y se despierta con todo hecho. Es ambulatoria, así que el mismo día vuelve a casa.
Después lleva un vendaje que envuelve la cabeza unos días y, luego, una banda elástica: a diario las primeras semanas y solo por las noches durante unos dos meses. Sirve para proteger las orejas mientras cicatrizan en su nueva posición. No es una cirugía dolorosa, y la cicatriz queda escondida detrás de la oreja, donde no se ve.
La mayoría vuelve al colegio en torno a una semana. El deporte de contacto se deja para algo más adelante. En poco tiempo, la vida del niño sigue igual, solo que sin unas orejas que le llamaban la atención.
La decisión, sin prisa
Que se pueda operar pronto no significa que haya que correr. La otoplastia en niños es una decisión de familia, y la mejor forma de tomarla es con calma y con información. En la valoración analizamos las orejas con vosotros, escuchamos qué es lo que más molesta, al niño y a los padres, y os explicamos las opciones sin presión.
A veces el mejor consejo es operar; otras, esperar un poco. Lo importante es que la decisión sea vuestra y esté bien informada. Puedes ver la técnica, la recuperación y el precio en la página de la otoplastia.
